Multimediando

Reflexiones sobre comunicación digital, periodismo y cultura audiovisual de Olalla Vaamonde

Crowdfunding y cocreación: el público cuenta, y mucho

La producción cultural, la creación artística y los contenidos de entretenimiento están atravesando una etapa de cambios. Las industrias culturales se tambalean azotadas por la crisis, presupuestos gubernamentales cada vez más exiguos o cambios en los modelos de producción y distribución.

Image by opensourceway

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Del otro lado, artistas y creadores encuentran cada vez más herramientas nuevas a través de las que llegar directamente a su público. Entre las más sonadas y con mayor repercusión en el último año, se encuentra el crowdfunding.

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Al fin y al cabo, ¿quién no tiene un conocido con un proyecto en Verkami o Lánzanos? Tirar de mecenazgo colectivo es una opción recurrente a día de hoy. Músicos, escritores, compañías teatrales o incluso emprendedores tratan de que los interesados en su proyecto arrimen el hombro, abran la cartera y entre todos consigan llevarlo a término.

Una opción que permite que muchas ideas no se queden en la cuneta, quizás, una vieja idea a la que la tecnología ha permitido dar un salto cualitativo crucial. 

Veamos ahora algunos datos sobre el crowdfunding:

  • En España hay más de 50 plataformas dedicadas a la financiación colectiva en sus diversas variantes, según la plataforma Crowdacy.
  • Kickstarter, algo así como el gigante del crowdfunding. Nació en EE.UU. en 2008 e inspiró a muchas otras después.
  • En España, Verkami promovió un total de 761 proyectos hasta octubre de 2012. De ellos, 554 terminaron con éxito y 207 no lograron llegar a término, como se puede consultar en el documento del enlace elaborado para RTVE.
  • Las áreas con mayor número de proyectos en Verkami fueron cine, editorial y música.
  • Otras de las plataformas con más usuarios en España, Goteo, ha recaudado algo más de 430.000 € desde 2011 hasta noviembre de 2012, con un éxito “superior al 60%”.

Pero entonces… ¿funciona? En fin, si le preguntamos a Amanda Palmer, seguro que la respuesta es positiva: quería recaudar 100.000 dólares y rozó los dos millones. Un hito, sin duda, pero con cifras que se alejan bastante de la media de proyectos. Claro que Amanda Palmer no era una desconocida y además, tras su recaudación le llovieron las críticas por tratar de reclutar fans para tocar en su gira a cambio de merchandising, cervezas y un abrazo.

En España, es ya casi imposible hablar de crowdfunding y no mencionar El Cosmonauta, una propuesta transmedia, apoyada en la creación de una sólida comunidad de fans, concebida para diferentes canales y en la que el propio proceso de producción forma parte de la historia. Han recaudado ya más de 400.000 euros y  conseguido una repercusión mediática enorme. Ser pioneros, está claro, ayuda.  

En cualquier caso, el crowdfunding desprende una filosofía, a mi parecer, ilusionante, en la que lo más pequeño o alternativo consigue medirse con lo masivo. Una filosofía en la que la colaboración es la base del éxito.

Crowdfunding, cara B 

¿Y dónde dejamos al público? Para éste, el crowdfunding implica una cierta vinculación emocional con el proyecto por parte de la persona que aporta una cantidad. Desde luego, la implicación parece mayor que comprando un disco en el FNAC: aquí uno es un poco también protagonista del asunto. La pregunta es ¿afecta esto de algún modo a la autoría o al proceso creativo?

Tu público está comprando ideas, no productos terminados. El crowdfunding es un gran mercado de ideas, pero ¿puede caerse en la decepción? En blogs como Tecnolomía o en Yorokobu han señalado algunos casos problemáticos de micromecenazgo, tanto por la creación de falsas expectativas como por la poca consistencia de ciertos proyectos.

No podemos negar que el crowdfunding en buena medida democratiza la creación:  cada persona puede financiar aquello que se encuentran en su órbita de intereses y los creadores pueden localizar públicos, además de repartir el riesgo de la inversión que requiere su proyecto. La novedad es que este vínculo también exige una responsabilidad al autor del proyecto, que puede sentir más de cerca la presión de sus seguidores, al final, los que pagan. ¿Puede esto restringir la libertad creativa? ¿Desnaturalizar las ideas iniciales para no decepcionar?

Hasta ahora buena parte de la presión dirigida contra la autoría creativa provenía habitualmente de productores, ejecutivos o programadores, eran los “chicos malos”  de la película. Bajo estas nuevas formas de financiación ¿tomará el público el testigo a la hora de representar este papel?

Source: scoop.it via Berend on Pinterest

 

Por otra parte, no es raro que los proyectos ofrezcan a sus mecenas incentivos más allá del producto final: regalos, experiencias, contenidos en exclusiva…  Un rosario de extras que personaliza la compra, pero que puede resultar una carga añadida al proceso creativo. Ejemplos como el de Diáspora pueden resultar ilustrativos.

Diáspora

El artista tiene ahora la posibilidad actuar por sí mismo, es la máxima del do it yourself pero en todos los campos: promoción, distribución, comunicación… Si alguna pata falla, tu proyecto puede no tener éxito, como apuntan en The Artist Tools.

El público toma el timón

Es un hecho que, como público, cada vez marcamos más la pauta. Somos activos, opinamos, producimos contenido e incluso financiamos proyectos. La narracion transmedia abre la puerta a la participación directa, a ser, en cierta medida, creadores en nuestras historias favoritas. La industria toma nota y a veces nos deja incluso meter la mano en las tramas. Es el caso, por ejemplo, de la serie Hawaii Five-O: la CBS lanzó una acción en Twitter para que los seguidores de la serie decidiesen qué  final prefieren ofreciendo varias alternativas.

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Son propuestas enriquecedoras que  transitan por nuevos derroteros narrativos y a las que todavía les queda mucho recorrido. Su desarrollo puede dar lugar a experiencias muy interesantes, pero también suscita algunas preguntas. Entre ellas, determinar si como público, al menos como público en masa, somos suficientemente originales o tendemos a contar historias similares y a caer en desenlaces previsibles. Recogiendo una idea que lanzaba hace un tiempo el escritor Javier Marías en uno de sus artículos, “¿hubiese dejado el público que la protagonista de Psicosis muriese en la primera mitad del filme?”

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Un comentario el “Crowdfunding y cocreación: el público cuenta, y mucho

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